El congelador: el fondo de armario de la cocina

Pasa desapercibido, pero bien aprovechado, el congelador es uno de los mejores aliados para tener una alimentación sana y variada. Es el fondo de armario. Sin embargo, mal gestionado, puede llegar a ser una tumba para muchos alimentos. Llevar un control del stock con sus fechas es fundamental.

Como curiosidad, la calidad nutritiva de los alimentos se preserva de una manera óptima a partir de -18ºC.

Hay unos trucos básicos para congelar:

  • Etiqueta los productos con fecha de congelación y su contenido, y recuerda la regla de oro: FiFo (First in, First Out). Es decir, que lo último que hayas metido vaya directo al fondo para dar salida a los productos que lleven más tiempo.
  • Evita la abrasión por congelación, envolviendo bien los alimentos o conservándolos en recipientes herméticos o bolsas específicas para congelar-descongelar. No uséis cartón, se estropea desde el minuto uno. Y tampoco vídreo, porque puede estallar. Desde luego, IKEA tienen unos recipientes con un precio imbatible y también unas bolsas específicas para congelación, de distintos tamaños, que son perfectas.
Recipientes de Ikea aptos para congelador
Recipientes de Ikea aptos para congelador
  • Puede congelarse casi todo, aunque algunos alimentos pierden propiedades: frutas, huevos, mayonesa… Las patatas y las pastas no son aptas para congelar. Las patatas porque se endurecen y las pastas porque se ablandan en el congelador. Las frutas se pueden congelar ya peladas y limpias, para luego hacer un sorbete, una mermelada o coulis o un helado.
  • Congela en pequeñas raciones. Las croquetas por ejemplo hay que congelarlas primero en una bandeja bien esparcidas y una vez congeladas pasarlas a un recipiente con tapa. Así, cuando vayas necesitando unidades sueltas, las vas seleccionando y no estarán todas pegadas entre ellas. Para congelar, por ejemplo, unos cuantos filetes empanados, hay un truco muy bueno que te hace ahorrar plástico: separarlos entre ellos con un trozo de papel parafinado. Se separarán sin problema, y así podrás coger sin descongelar uno, tres o cuarenta y siete.
  • Para caldos, o platos ya cocinados os animamos la congelar “verticalmente”, es decir: metéis lo que queráis congelar en una bolsa con cierre “Zip”, y lo tenéis un día en el congelador tumbado. Pasado el día, apiláis las bolsas de pie, y el espacio no sólo se habrá multiplicado, sino que veréis todo el contenido de vuestro congelador de un solo vistazo.

En cuanto a la descongelación:

Es un proceso tan importante como la congelación, ya que los gérmenes pueden volver a reproducirse.

Existen unas reglas básicas :

  • Descongela sólo lo que vayas a necesitar, ya que se debe consumir en las 24 horas siguientes.
  • La descongelación a temperatura ambiente no es una práctica general recomendable. Descongela pasando por la nevera.Coloca el producto en su propio recipente o en otro con rejilla para que no se mezcle con el líquido de la descongelación, y no contamine al resto. Una vez que esté descongelado, cocínalo inmediatamente.
  • Tampoco los introduzcas en agua caliente ni los expongas al sol. Esta práctica se utiliza mucho porque es rápida pero es incorrecta desde un punto de vista bacteriológico.
  • En microondas. Lo primero, hay que quitar la tapa siempre. Resulta eficiente, pero debe ir seguido de la inmediata elaboración del alimento. Pon los alimentos en una fuente con rejilla, para que no se mezclen los jugos.
  • En el caso de las verduras es mejor cocinarlas sin descongelar, para que queden mas tersas.

 Una buena solución para estar el día con tu congelador es hacer revisiones de vez en cuando (una vez al mes por ejemplo) de lo que tienes, y planear unos cuantos menús para dar salida a esos alimentos. Así se evitan desagradables sorpresas…